La Bomba
La bomba, como dice Margarita “Tata” Sánchez Cepeda, es «todo sobre el amor. Me enseñaron bajo el amor, la bomba es una expresión del amor, y seguimos llevando la bomba con amor.”

Como nieta de Rafael Cepeda—considerado uno de los embajadores principales de la bomba y galardonado con una Beca del Patrimonio Nacional [National Heritage Fellowship] en 1983—Tata fue educada bajo el amor literalmente. Ella recuerda cómo sus abuelos la involucraron en la tradición. En varias ocasiones, después de componer una canción, su abuelo le pedía que buscara un tambor o un par de baquetas para que le diera ritmo y así poder escuchar su composición. Entonces, su abuela, a la que se atribuye el mérito de liderar el auge de las mujeres bailadoras de bomba, empezaba a mostrar sus pasos mientras enseñaba a Tata.
“De este modo, aprendía pasos y movimientos constantemente, subiendo como por una escalera amorosa, siempre yendo más alto y aprendiendo constantemente,” dice Tata.
Desde entonces, Tata ha asumido las funciones de su abuelo como maestra practicante, líder comunitaria y embajadora cultural de la bomba en Puerto Rico, ganándose el apodo de La Mariposa de la Bomba. En 2001 fundó la Escuela de Bomba y Plena Doña Caridad Brenes de Cepeda, una escuela de baile de bomba en San Juan. Hace unos años, empezó a ofrecer cursos intensivos de una semana durante el verano, acogiendo a boricuas de la diáspora que entonces podían ausentarse del trabajo con más facilidad. La hija de Tata, Barbara Liz Cepeda, pertenece a la octava generación de la familia Cepeda involucrada en mantener esta tradición a través de su escuela, la Escuela de Bomba y Plena Tata Cepeda—en honor a su madre.
En junio de 2022, con el apoyo de una beca de aprendizaje del Virginia Folklife Program, Isha Mary Renta López completó un curso intensivo de bomba para bailarines experimentados con Tata. Isha entiende la responsabilidad que conlleva practicar la bomba de primera mano: en el 2014 fundó Semilla Cultural, una organización sin ánimo de lucro dedicada a nutrir el arte y la cultura puertorriqueña en el área de Washington, D.C.


“Estamos exaltando y reconociendo el legado de nuestros antepasados a través de la bomba,” dijo Isha. “Por desgracia, nuestra cultura está llena de mucho sufrimiento, mucho dolor y, sobre todo, mucho amor por parte de las personas que fueron desarraigadas de su tierra para ser maltratadas y abusadas. Tenemos que conocer y valorar este sufrimiento. Como líder de una comunidad en la diáspora, cargar con toda esta historia es una gran responsabilidad.”
“Todo mi trabajo se centra en mis antepasados y en pensar en todos los que fueron arrebatados de su tierra contra su voluntad,” dijo Tata. “Lo hago con respeto y responsabilidad, lo hago con amor, pero la bomba también está llena de tragedia.”
Los africanos esclavizados en las plantaciones de caña de Puerto Rico crearon los cimientos de la bomba en el siglo XVII, y esta forma de arte sigue desarrollándose, transformándose y conectando a la isla con su herencia africana en la actualidad. La bomba se define por sus bailes, canciones y percusión, la cual incluye los barriles de bomba, la maraca y el cuás. El tambor también se utilizaba para enviar mensajes entre comunidades que planeaban huir de la esclavitud.
“La bomba fue y seguirá siendo una forma de resistencia,” explica Tata.
“La canción no es ni más ni menos que una historia.”
Margarita “Tata” Sanchez Cepeda
Las canciones de bomba son historias. El bailarín transforma su cuerpo en un instrumento, entabla conversación con el tamborilero principal y se conecta con el espíritu de los antepasados. “La bomba es un espacio precioso en el que toda esta energía fluye entre las voces de los cantantes, los tambores y el bailarín,” explica Isha.
“Cuando establecemos esa conexión con nuestra madre patria, África, es algo increíble,” comparte Tata.

En los últimos años, los habitantes de San Juan han adoptado la bomba con una energía renovada. Como escribió Mariana Núñez Lozada en un artículo para la revista del Smithsonian Center for Folklife and Cultural Heritage, las reuniones de bomba “sirven para promover la conciencia política”. Los cantantes suelen agregarle nuevas letras en las canciones tradicionales de bomba para reivindicar su herencia africana y denunciar problemas sociales como la violencia de género, la corrupción gubernamental y el estatus colonial de Puerto Rico”. (Núñez entrevistó a Tata e Isha para el Virginia Folklife Program en el estudio de Tata el 17 de junio de 2022, y la mayoría de las citas utilizadas en este reportaje proceden de esa entrevista).

“Hoy en día, la gente baila y toca la bomba o la plena en cualquier esquina, y siguen saliendo bailarines, cantantes y músicos,” comparte Tata. “Lo que está pasando es muy bueno, porque estamos aceptando nuestra negritud, estamos aceptando quiénes somos.”
Al tomar el curso intensivo con Tata, Isha no sólo mejoró su forma, sino que su relación con Tata la ha arraigado de una manera más profunda en la tradición, fortaleciendo su capacidad para enseñar y practicar bomba en Fredericksburg. Tata le “abrió las puertas” a Isha, invitándola a quedarse en su casa y cantar del cuaderno de canciones de su abuelo, construyendo así una relación que seguirá siendo fuente de respeto y admiración mutua.

El 9 de octubre de 2023, Tata e Isha actuaron en el Richmond Folk Festival, apoyadas por cinco miembros de Semilla Cultural, las hijas de Tata, Bárbara Liz Cepeda y Margarita Caridad Martínez Cepeda, quienes viajaron desde Florida y Puerto Rico respectivamente, la bailarina Maggie Febo y los bateristas Emmanuel Martínez Pagán e Ian Caleb Maldonado Carmona, quienes tocan con Tata en San Juan. En esta ocasión, la visita de Tata también incluyó un taller gratuito de bomba en Dance FXBG, con el apoyo de Virginia Folklife. Su actuación de una hora en Richmond incluyó enseñarle al público la historia de la bomba, para que pudieran apreciar la intensidad de la conversación entre bailarines, percusionistas y cantantes.
A medida que su tiempo en el escenario se acercaba a su fin, muchos de los artistas tenían lágrimas en los ojos. Tanto el personal del escenario como el público podían sentir el amor. “No tengo palabras para expresar mi felicidad y orgullo por los acontecimientos del fin de semana,” dijo Isha.







